El Sueño del Líder

Mientras los contemplaba, mi padre habló: —Sabes lo que es el festín de bodas, una vez que los invitados y los amantes lo han abandonado. El amanecer muestra el desorden que dejaron. Las jarras rotas, las mesas desordenadas, el fuego extinguido, todo conserva el sello de un tumulto que se ha endurecido.

Pero leyendo esas huellas -me dijo mi padre- no aprenderás nada sobre el amor.

” Al pesar y dar vueltas el libro del Profeta -me dijo además-, al detenerse sobre el dibujo de los caracteres o sobre el oro de las iluminaciones, el iletrado pierde lo esencial, que no es el objeto vano, sino la sabiduría divina. Como lo esencial del cirio no es la cera que deja trazas, sino la luz”

Ciudadela. Antoine de Saint Exúpery

                Curioso es el acontecer del líder. Como muchas otras situaciones en la vida, crees que buscas y conquistas lo que quieres. Sin saber que -tal vez- las oportunidades estuvieron todo el tiempo ahí: acechando y buscando el momento preciso para enlazar tu estrella con su espacio estelar.

                ¿Qué podrías encontrar al final de esta historia?

                La diferencia entre esta historia, y muchas más, fue tu decisión: “sí quiero”. O tal vez, ni siquiera lo decidiste, y -como quien se enamora- de repente te deleitabas de ese fascinante vaivén de dejarte llevar por eso que siempre quisiste.

                Tuviste en tus manos el timón de la embarcación que te fue asignada. Fuiste protagonista… porque para el líder no hay otro papel. Si hubo sonrisas, las provocaste; si hubo lágrimas, las compartiste. Y el resultado, después de algún tiempo es lo que te llevas.

                ¿Quién no disfruta de un plan que se concibe y se concreta? ¿Quién no disfruta del aplauso que celebra el logro alcanzado? ¿Quién no guarda para sí el abrazo sincero de aquella persona que se sentía perdida y encontró el camino cuando le tendiste la mano?

                Este es el sueño del líder: establecer un plan en conjunto… y ejecutarlo.

Aunque nadie dijo que fuera fácil. La vida hace trampas, y a veces caemos; el mundo se equivoca, y nosotros con él. En contraparte, anotas de tu propia mano un registro de todo aquello en lo que nadie creyó que se lograría y es hoy una realidad. Con gran satisfacción puedes ver que dejaste huellas que no se podrán borrar.

                Sin embargo, los ciclos tienen término. Es su naturaleza.

                Atrás quedaron los invitados y los fascinados. Y el desorden que dejaron. Junto a ti, permanecerán los amigos. ¿Cómo distinguirlos? Solamente con la verdad. Y la verdad, es hija del tiempo.

                Satisfecho por el deber cumplido, hoy deslizas el cierre de esta maleta. Recogerás los pedazos de sueños rotos, y los acomodarás junto a aquellos “por si acaso” que con cariño guardaste para los momentos inesperados. En un espacio aparte, guardarás -piensas que para siempre- las luces de colores, las miradas brillantes, y un acontecer al que siempre podrás recurrir para sonreír.

                Con esa sonrisa, esta noche recorres el camino de regreso y cierras la puerta de tu casa. Aquella casa que es tu hogar y que siempre te estuvo esperando. El silencio -y más de una sonrisa- nunca dejaron de estar ahí para recibirte. Apagas la tenue luz de la sala y te dispones a dormir. A lo lejos -a través del cristal de la ventana- alcanzas a ver el espacio estelar, y alguna que otra nueva estrella.

Descansas esa cabeza cansada en tu suave almohada, mientras -lleno de nostalgia- te preguntas si este maravilloso sueño habrá ya terminado… ¿O será solamente el principio de uno nuevo?

Los comentarios están cerrados.

Blog de WordPress.com.

Subir ↑