Nunca es tarde para desear

Y decimos adiós, y pedimos a Dios

que en el año que viene

a ver si en vez de un millón… pueden ser dos.

Un año más. Mecano

Las despedidas siempre dan lugar a la reflexión.

Despedir un año es la ocasión perfecta para revisar todo lo sucedido… y lo que dejó de suceder. Siempre hay mucho por celebrar, mucho por aprender y ausencias inevitables.

Por otra parte, hay tradiciones, costumbres o -tal vez- supersticiones que se dan lugar en esta fecha: salir a la calle con maletas, para tener muchos viajes; pedir un deseo por cada una de las doce uvas; otros tantos deseos por cada respectiva campanada o… uno solo: al brindar con nuestra bebida preferida.

En el caso de los deseos, casi siempre hay una recomendación: “no revelarlos, para que se puedan cumplir”.

Suele suceder que -con el paso de los años- vamos perdiendo la esperanza, pues tal vez muchos de esos deseos de Año Nuevo no se han concretado del todo.

¿No nos hará falta creer de nuevo? ¿Quién dice que en esta ocasión no podría ser distinto?

¿Por qué no volver a tener esa ilusión de pedir un deseo, con toda la esperanza de que -ahora sí- la magia de 2023 lo pueda hacer realidad?

Aquella era la última noche del año 2022.

En tu acontecer de vida, habías disfrutado -o tal vez solamente vivido- una cantidad exactamente igual a la de tus años de vida de la llamada “nochevieja”.

El sonido opaco -hoy en día, probablemente virtual- de la implacable doceava campanada; el chasquido brillante de las copas rebosantes de líquido espumoso, que alborotaban sus burbujas al encontrarse unas con otras; o el destello siempre fabuloso de los coloridos fuegos artificiales que embelesaban tu mirada al adornar el oscuro “cielo diciembre”, te dieron la certeza: un año terminaba. Y se descubría ante ti, un Año Nuevo.

Invariablemente, sobrevendría el ruido ensordecedor del silencio que te abordó después de toda aquella celebración.

Lo entendiste. Después de todo, éste 2022 había sido como tu canción favorita: que sientes que termina muy pronto, que quieres que dure más minutos, que esperas que su letra te diga más… y que deseas repetir su melodía muchas veces.

Pero sabes que repetir ese tiempo no es posible. El año viejo se ha ido.

Recostado en tu cama y mirando hacia el techo, hiciste la cuenta final: fue un año con muchos retos, pero también con una cantidad inconmensurable de sonrisas. ¡Qué curioso! Solamente hasta ese momento intentaste contabilizar: un millón de momentos felices, que significaron un millón de sonrisas. Esbozaste -profundamente agradecido- una más, mientras cerrabas los ojos y tarareabas: que en el año que viene, a ver si en vez de un millón, pueden ser dos.

Entendiste que no era tarde para pedir ese último deseo: el que no puedes contar, para que se pueda cumplir. Fervientemente empuñaste tus manos, pidiendo que se hiciera realidad. No importa cuánto tiempo tenga que pasar: si es necesario, que la laguna seca agote su última gota; que el sauce deje de llorar, o que la estrella deje de ser fugaz. Nunca es tarde para desear.

Agradecido profundamente, abriste tus manos para dejar ir aquel 2022. Lo soltaste y sentiste la maravilla de comenzar una nueva vida… en tu Año Nuevo 2023.

Nunca es tarde para desear. Deséalo con fuerza y se te cumplirá. ¡Feliz Año Nuevo!

Los comentarios están cerrados.

Blog de WordPress.com.

Subir ↑