La evaluación es la fertilización en la cosecha del éxito.
Saúl Nico Serrat.
Cómo líderes, constantemente tenemos la oportunidad de ofrecer retroalimentación a alguna persona. Al mismo tiempo, los líderes tenemos el firme compromiso de construir como una política inquebrantable, para la cual debemos utilizar todos aquellos elementos que nos auxilien en nuestra misión. Debemos buscar, entonces, buscar las palabras adecuadas para estimular a todos aquellos que conforman nuestro entorno y alcanzar el fin común que lideramos. Por ello, hay situaciones que es importante considerar para lograr que los demás superen sus áreas de oportunidad y colaboren con nuestro plan colectivo. Vamos a compartir algunas sugerencias:
Siempre es más fácil atender las áreas de oportunidad después de haber oído un elogio. Es indispensable ser lo suficientemente sensibles como para detectar los aciertos particulares de los demás, y establecer un balance con sus áreas de oportunidad. Para poder comenzar una retroalimentación, es importante que mencionemos primero las cualidades específicas de las personas, destacando cada elemento positivo.
Los errores de los demás no deben ser marcados como tales. En la transición entre el elogio y la retroalimentación debemos evitar los cambios bruscos y los entronques evidentes. Tales entronques son evidentes a través de las frases “pero” o “sin embargo”, entre otras. Cuando, después de un elogio utilizamos estos elementos, el evaluado desecha todo lo previamente dicho calificándolo de inválido o falso. Es mejor que armonicemos con frases como “me gustaría” o “ahora intentemos”, las cuales pueden tener un mayor efecto, pues con ellas provocamos una transición positiva.
Los errores propios en un proyecto, deben ser los primeros en ser reconocidos. Como líderes de un proyecto o empresa, es muy probable que incurramos en un error al ser parte del mismo equipo de trabajo. Cuando esto suceda, los primeros errores a analizar, deben ser los nuestros. De lo contrario, cualquier señalamiento de un área de oportunidad de otro de los elementos sería contraproducente creando animadversión, ya que los demás son conscientes de sus propios errores, pero también conocedores de los nuestros.
Las soluciones no deben parecer órdenes. Las máquinas reciben órdenes, los seres humanos orientación. La forma en que emitamos nuestra retroalimentación debe ser diseñada para humanos. Una buena técnica es a través de las proposiciones: “Qué pasaría si…”; “Y si intentamos…” o “no crees que…”. Todas ellas tienen la ventaja de hacer partícipe a nuestro evaluado, evitando así que perciba nuestra retroalimentación como una orden obligatoria a cumplir.
Como hemos analizado, la técnica de evaluación es definitiva. Puede abrirnos las puertas para inspirar y convencer a nuestro evaluado. Te invito a poner en práctica estos consejos la próxima vez que tengas oportunidad de retroalimentar a alguien. ¡Los resultados te sorprenderán!