Las tres frases que NO pueden habitar en un Líder

Nuestras palabras envían información constante al cerebro, y esta información provoca en nosotros emociones y pensamientos que traducimos a la manera de comportarnos con nosotros mismos y con los demás.

La influencia de las palabras en nuestra vida diaria es muy significativa, debido a su fuerza y poder: una palabra al ser expresada actúa como una pequeña semilla que genera vida, un sentido figurativo a lo que estamos diciendo, convirtiéndose en energía pura que atraerá una acción o suceso. Una realidad.

De esta forma, las palabras habitan en nosotros. Somos nosotros quienes les abrimos la puerta para que habiten -o no- en nuestros días. Sin embargo, tal vez hemos sido un poco descuidados con esta puerta. ¿Cuántas palabras y frases nos repetimos día a día y no lo hemos notado? ¿A cuántas de ellas nos hemos acostumbrado y hoy son nuestras inquilinas, nuestras fieles compañeras, sin darnos cuenta? Y todas ellas van influyendo en nosotros.

Nuestros pensamientos y nuestras palabras determinan nuestra actitud y nuestras acciones, y por lo tanto, nuestras experiencias.

Te comparto tres frases comunes que los líderes dejamos entrar a nuestras vidas y NO deberían formar parte de ella:

  1. Me da pena. También conocida por su alias me da vergüenza, es una frase inculcada en nuestra infancia. Cuando nuestra familia, nuestros maestros o nuestros amigos nos veían indecisos ante alguna situación, nos dijeron «te da pena, ¿verdad?». Esta frase se quedó grabada en nuestra mente como un perfecto pretexto para evadir situaciones. Y entró en nuestra vida para quedarse.
  2. No se puede. Otra frase inculcada. Aunque ésta tiene más que ver con un entorno adulto y social que familiar o escolar. Algunas personas intentaron alguna proeza y no lo lograron, luego nos compartieron esta «experiencia» y nosotros lo creímos, sin siquiera intentarlo. No se puede, también llegó a nuestra vida para quedarse.
  3. Soy un tonto. Es otra frase común. Sin embargo, esta suele ser de nuestra creación. Aquí sí: intentamos algo, no lo logramos y creímos que -por no lograrlo- éramos tontos (o adjetivos peores). La dejamos entrar y se quedó en nuestras vidas.

Para enfrentar todas estas frases, te invito a un conjuro. No te asustes. La mayoría de las veces relacionamos esta palabra con películas de terror y exorcismos. No obstante, la Real Academia de la Lengua Española, define conjuro como: impedir, evitar o alejar un daño o peligro.

Si ya somos conscientes del daño o peligro que pueden significar las frases que hemos venido analizando, es momento de conjurarlas. ¿Cómo? Muy sencillo. Es cuestión de identificarlas cada vez que nos las repitamos en nuestra vida diaria y cambiarlas por la frase positiva:

  1. Me da pena – Solamente inténtalo. Nos daremos cuenta que la pena, no existe. Que es solamente un bloqueo que nos inculcaron y que somos más grandes que eso.
  2. No se puede – !Yo sí puedo! Basta cambiar al protagonista. El que nos dijo que no se podía, fue porque no lo intentó por completo. Nosotros tenemos que buscar nuevas formas, nuevas actitudes y buscar cómo sí.
  3. Soy un tonto – Soy lo máximo. No se trata de una falsa vanidad. Es solamente una forma de reconocer nuestros errores, aprender de ellos y seguir adelante. Nadie puede ser un tonto en una vida donde venimos a aprender. Ya aprendimos !vamos por la siguiente oportunidad!

En síntesis: tú decides qué frases habitarán en tu vida y en tus días. Tienes la capacidad de cambiarlas para ser el líder que buscas ser.

No puedes ser inspiración de alguien más si tú mismo no estás inspirado. Deja esas frases que ni siquiera son tuyas, crea tu propia ideología y lleva a tus seguidores junto contigo. !Me invitas a tu espacio de éxito!

Los comentarios están cerrados.

Blog de WordPress.com.

Subir ↑