Un Brindis para Todos

Por este momento, que solo unidos construimos.

Por nuestra unión, nuestra lealtad

y todo lo que hoy no dijimos.

Saúl Nico Serrat.

En nuestro convivir diario, en más de una ocasión se nos presenta la oportunidad de hablar en público para expresar la intensidad del momento, agradecer una situación en particular o ensalzar a una persona. La invitación suele venir de manera ocasional, inesperada y sorpresiva; lo cual hace que la mayoría de las veces esta oportunidad se transforme en un momento tenso, realmente embarazoso y un compromiso difícil de enfrentar, al no saber qué decir y cómo.

A continuación, analizaremos una situación muy frecuente: el brindis. Ese momento en el que -en medio de una reunión- es menester que alguien comparta algunas palabras especiales. Revisaremos la forma en que podemos convertir ese desafío en una participación exitosa y memorable.

En cada brindis que se hace, se recrea una costumbre nacida en la antigüedad, cuando en Roma y Grecia se bebía en honor de los dioses. En aquel entonces, el brindis era solamente en honor de ellos, como un agradecimiento a su generosidad y bondad. Poco después, en los tiempos medievales, los reyes hacían sonar sus copas una con otra justo en el borde, con el fin de mezclar los contenidos en una muestra de buena fe y honestidad; ya que era una costumbre de aquella época verter veneno en las copas de los invitados. El brindis, pues, mezclaba los contenidos de ambas copas hermanando a los brindantes en contenido e intención.

Hoy, el brindis es una ocasión para dirigir nuestros buenos deseos a una persona o una causa en particular. En el brindis moderno no es menester que se beba vino o licor, pues cualquier líquido es una buena ocasión para expresar el ánimo y la buena voluntad.

Las palabras previas a un brindis son muy importantes: si bien es cierto que basta con decir “salud” o “por ti”, también es cierto que los mejores brindis son los que se personalizan: aquellos que toman en cuenta elementos de la persona a quien va dirigido y sobre él se versan algunas palabras.

Se recomienda que tenga introducción, desarrollo y conclusión. Al final, se trata de un discurso, aunque en un formato breve. Por lo tanto, es indispensable que dentro del mensaje se agregue el nombre de la persona a quien distinguimos, la fecha u ocasión y la intención de nuestro brindis: “Por el esfuerzo realizado para alcanzar este logro”, “Por todas las enseñanzas que nos has legado en estos años” o “Por continuar este perenne camino de éxito”. Debemos evitar caer en la lisonjería (alabanzas extremas) y busca hacer mención del factor común entre los invitados: qué o quién los une en esa ocasión.

Es importante no caer en los clichés o el mal gusto con frases como “hasta el fondo” «arriba, abajo, adentro…» o “Viva Hidalgo”. Por otra parte, en el brindis nuestra voz debe ser emotiva y amable, evitando tonos imperantes o aburridos. Es importante recordar que los brindis se proponen, no se imponen.

Así, la próxima vez que alguien proponga un brindis, sé tú quien levante la mano, quien eleve el ánimo de todos los invitados y quien haga de ese evento algo inolvidable. ¡Salud!

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