Toastmasters: Una experiencia

A pesar de que los seres humanos somos los únicos seres vivos que hablamos, resulta paradójico que nos sea  tan complicado el uso de la palabra para expresar todo aquello que sentimos. Y si además se nos pide expresarlo en público, este tipo de expresión se vuelve aún más complicado.

            Hace alrededor de 20 años, en mi incipiente carrera como Contador Público, me ufanaba de estar siempre actualizado, de conocer los lineamientos de mi profesión y de saber resolver cualquier problema contable. Mi problema siempre había sido al tratar de expresarme en público. En esta profesión –como en muchas otras- es muy frecuente que la contratación de mis servicios no se diera tanto en función de mis conocimientos, sino de la forma en que hiciera una propuesta y demostrar dichos conocimientos en la misma.

            Fueron decenas de citas las que decliné debido a que me pedían exponer frente a varios empresarios o ejecutivos de empresa mi proyecto o propuesta de servicios. Siempre buscaba pretextos como “está muy alejado”, “no es el perfil de cliente que busco” o “tal vez ni siquiera están interesados”. Sin embargo, en el fondo, yo sabía la verdad: no quería hablar en público. Siempre que podía, cambiaba este tipo de citas por llamadas telefónicas o correos electrónicos. Ahí, detrás de la pantalla o de la bocina, sí me sentía seguro con mis conocimientos.

            Tuve la oportunidad de conocer Toastmasters en el año 2000. Acudí a la primera sesión impulsado por la curiosidad y por invitación de uno de mis mejores amigos. Bastó mi primera participación en los Table Topics para saber que ésta era la herramienta que necesitaba.

            Ese mismo temor, esa angustia de estar frente a un público y el temblor en mi voz característico de éstas situaciones daban cuenta de mí. Con una diferencia: aquí estaba entre amigos. Entendí que en todos los clubes Toastmasters, siempre hay una evaluación que te ayuda a mejorar tus áreas de oportunidad y reconoce tus habilidades. Además, la práctica semanal, lleva a capitalizar cada experiencia anterior, en busca del perfeccionamiento en el arte de la comunicación. Toastmasters siempre te da otra oportunidad.

            Como decía Mauro Rodríguez Estrada, autor de El Arte de Hablar en Reuniones, “quien aprende a hablar con seguridad y autoridad, aprende a actuar con seguridad y autoridad”.

            La práctica continua en nuestro club nos proporciona orden mental, pues a través de una estructura lógica de discurso, aprendemos también a estructurar nuestras conversaciones y nuestros actos diarios, llevándolos desde una introducción, un desarrollo y una conclusión.

            Además, nos invita al éxito. Queda claro que ni todo el que habla bien tiene éxito, ni todo el que tiene éxito habla bien, pero la facilidad de palabra se traduce en éxito cuando es bien canalizada y utilizada.

            Muchas cosas han cambiado en mi vida desde que ingresé a Toastmasters. La lista es muy larga, pero todo se resume en una palabra: crecimiento. Hoy, conduzco eventos, doy conferencias a mis colegas de carrera y, cuando tengo un prospecto de cliente, siempre le propongo que nos veamos personalmente,  y que reúna a todos los interesados para hacerles un planteamiento verbal y público de los servicios de mi firma.

            Puede parecer sorprendente. Sin embargo, siempre es satisfactorio el encontrarme con más socios Toastmasters de toda la República Mexicana y escuchar de ellos anécdotas similares, donde su vida cambia, para darles seguridad, crecimiento y progreso. Es por ello, que yo no me canso de decir: ¡Gracias, Toastmasters!

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